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Miedo, ansiedad y ataques de pánico

Miedo, ansiedad y ataques de pánico

El miedo es una emoción básica y primaria. Las emociones suelen ser de aparición brusca e intensa y sus manifestaciones se presentan fundamentalmente en el cuerpo.
En nuestras sociedades occidentales, el miedo es considerado una emoción “negativa”. Al emitir un juicio moral negativo sobre una emoción básica y natural, la rechazamos y pasa a formar parte de nuestro inconsciente, en donde perdemos toda la posibilidad de comprenderla e integrarla.
Desde pequeños nos dicen: “no tengas miedo”, se valiente, etc., de modo que cuando el miedo aparece en nuestra vida, debemos luchar y hacer todo lo posible por superarlo con coraje. Si no lo hacemos, nos sentimos cobardes y fracasados.

Quienes carecen de miedo o se han desconectado del mismo, han construido una serie de defensas o escudos rígidos ante los imprevistos de la vida, para sentirse seguros y bajo “control”. Este sistema defensivo rígido, nos aprisiona y restringe nuestro desarrollo emocional.

La rigidez, sobreexigencias, inflexibilidad y el deseo constante de control son actitudes y defensas muy destructivas por ser inhumanas. El miedo, al ser encarcelado en el inconsciente, terminará por derribar las defensas y se presentará ante nuestra vida conciente de forma desadaptada y patológica por medio de síntomas paranoides o asaltos imprevistos de pánico.

Síntomas de los ataques de pánico:

Los síntomas suelen variar en cada persona y no tienen que estar presentes todos para poder hacer el diagnóstico. Los más frecuentes son los siguientes:

  • Taquicardia o palpitaciones.
  • Angustia intensa, hormigueo en el cuerpo.
  • Hiperventilación pulmonar o respiración agitada.
  • Sensación de asfixia o ahogo.
  • Opresión o malestar toráxico.
  • Miedo a morir y necesidad imperativa de salir corriendo o escapar.
  • Mareos e inestabilidad.
  • Ganas de orinar constantes o molestias abdominales.
  • Sudoración, náuseas.
  • Sensación de extrañeza del yo e irrealidad.
  • Miedo a perder el control, volverse loco o hacer algo irracional. 

Los ataques de pánico suelen ser de corta duración, pero son tan intensos y molestos que la persona los vive como eternos.
Es tan desagradable y desesperante el ataque de pánico, que quienes lo sufren viven atemorizados por la posibilidad de que la crisis se le repita.

Esto genera un comportamiento evitativo ante las situaciones o lugares en los cuales surgió el ataque, y puede terminar limitando significativamente la vida y movilidad de la persona.

 Otra de las situaciones que vive la persona que sufre dichos ataque, es la incomprensión de quienes les rodean, las cuales les dicen: “no pasa nada”, “no le hagas caso”, “tienes que resolverlo”, “es una tontería” y pare usted de contar.

Esto refuerza aún más el malestar pues hace sentir a la persona sola y débil.

Recomendaciones para manejarlos mientras se presentan:

Estas recomendaciones son generales y no funcionan por igual en cada persona. Lo adecuado es buscar ayuda profesional individualizada, pues cada persona es única. Hecha la aclaratoria, puedes poner en práctica algunas de estas recomendaciones mientras estás en el proceso de pedir ayuda:

  • No centres tu atención en los síntomas de ansiedad, pues esto hace que se retroalimenten y se intensifiquen los síntomas. Lo que tienes es un ataque de pánico, es pasajero y no te vas a morir.
  • Los síntomas que estas experimentando, son un llamado de atención para que te ocupes de manera más profunda y comprometida con tu realidad interior.
  • Las sensaciones desagradables son de corta duración y si manejas bien tu respiración desaparecerán. Uno de los errores es pensar que el aire no nos entra, lo ocurre es lo contrario, estás hiperventilando y esto produce mareo y síntomas desagradables.
  • No te encierres, ni alimentes pensamientos de que todo va a salir mal, el malestar intenso va a pasar. Cuando esto ocurra, comprométete a buscar ayuda.

Comprensión y tratamiento

El hacer una lectura y comprensión diferente del miedo y sus manifestaciones patológicas, nos podría a ayudar a no quedarnos presos del mismo. 
El miedo como patrón instintivo de comportamiento, nos proporciona una conexión con nuestra naturaleza a través del cuerpo. Se dice que el cuerpo no miente y así es.

Mantener el contacto y comunicación con nuestro cuerpo, impulsos, emociones, nos permite transitar nuestro camino de forma natural. El miedo y los ataques de pánico son un llamado de atención para nuestra conciencia y Ego para restablecer el contacto con aspectos desconocidos de nosotros mismos. El miedo y el amor movilizan nuestra psique intensamente y el beneficio es que nos meten por caminos nuevos por donde podemos avanzar.

La mayoría de las personas que solicitan ayuda psicoterapéutica suelen obtener avances y beneficios al tratar sus ataques de pánicos, en muchos casos sólo es suficiente recibir psicoterapia con un profesional debidamente entrenado y empático; en otros, la combinación de psicoterapia con ayuda psiquiátrica es lo adecuado. Pedir ayuda, hacer un buen diagnóstico y comprometerse con el tratamiento es la mejor actitud.

Si necesitas ayuda no dudes en solicitarla
Por: Virginia Calderón

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